martes, 6 de agosto de 2013

Octavo pecado capital.


1. Lujuria
2. Gula
3. Avaricia 
4. Pereza
5. Ira
6. Envida
7. Soberbia 

Todos y cada uno los he tenido contigo. 
¿Cómo no iba a tener lujuria contigo si mi cuerpo pedía el tuyo a cada momento junto a mí?
¿Cómo evitar esa gula de comerte a todas horas sin importarme si me sobraba algo? 
¿Acaso es evitable la avaricia de quererte sólo y exclusivamente para mi? 
Difícil evitar esa pereza de no querer parar de verte sonreír, comer, andar, verme... 
¿Era evitable esa ira ante cualquier pensamiento adverso a nosotros? 
¿Podía acaso evitar esa envidia de no tenerte seguro?
¿Acaso no era digno de soberbia el poder decir que estaba estaba enamorada de ti?

Pero aparte de estos clásicos... También adquirí otro por el cual aun no tengo ni excusa ni razón y por el cual estoy escribiendo... Pequé de querer. 
De quererte a ti y a nadie mas que a ti.  Ese "nadie" también me incluye a mí.

sábado, 26 de enero de 2013

Uno de tantos.

¿Dónde se supone que has estado cuando yo he tenido dudas?
¿Dónde te has metido cuando te he necesitado? ¿Dónde estuviste en el momento en el que empezaba a volverme asi para decirme que no lo hiciera?  ¿Dónde estuviste esas tardes que no queria ver a nadie más excepto ati? ¿Dónde estabas cuando me preguntaron por mi mejor amiga? ¿Dónde te metiste esos meses que tanto te buscaba simplemente para contarte que tal me iba... ? ¿Dónde estabas cuando yo necestiaba tan sólo unas palabras de aliento, un consejo, un beso, una mirada, unas risas, una crítica, una llamada justo en el momento aducado, un hombro en el que llorar? ¿Dónde? ¿Dónde has estado los dias en los que todo me iba bien para celebrarlo juntas? ¿Dónde estuviste en el momento de elegir unos dichosos zapatos?

Cuando tú te dignes a darme sus respectivas respuestas en vez de más preguntas, entonces me dignaré yo creer que después de casi dos años me echas de menos, de que me quieres y todas esas cosas que antes tan facilmente me creía y me convencían de todo.  
Porque es tan fácil dejar unos mensajes de texto en el móvil de una persona sin dar la cara..


Muy bonito por tu parte si.

jueves, 3 de enero de 2013

dudas y esas cosas.

Una vez más la pregunta de si verdaderamente vale o no la pena todo esto que estoy aguantando, ronda mi cabeza. Una vez más la incertidumbre de si hay algo detrás de todo, ya sea bueno o malo, sigue ahí.
Al menos dame un beso, una mirada, unas palabras, una sonrisa, un detalle, una señal que me diga que sí, que todo esto tiene su recompensa y que debo seguir aquí, pero no me tengas más con la rabia de no saber si dejarte de una vez o si de algo me sirve tanto dolor...

Si también sé que debería ponerte unos límites para no pasarlo tan mal, pero ¿qué hago cuando mi límite esta en tus labios?

jueves, 21 de junio de 2012

Porque sí..

 -Porque es muy muy fácil verlo todo desde tu perspectiva. Porque no lo sientes igual que yo, porque tú tienes su concepto y yo tengo el mío.
Porque tú no te has levantado llorando a media madrugada sólo porque en tu sueño ya no estabas con la persona que quieres, porque a ti el corazón no late como el mío cada vez que te veo o te recuerdo, porque para ti un minuto más es "un estúpido minuto más" que te da igual que esté o no, en cambio para mi ese "estúpido momento más" lo quiero igual e incluso más.
Porque tú no has rechazado salir con tus amigos para prepararme una sorpresa, porque tú no has apagado el ordenador sin despedirte de nadie por el simple hecho de ver una foto y ponerte celoso, cierto, se me olvidaba, tú no eres de los que se ponen celosos.
Porque a ti, vivir sin mí te cuesta bien poco. Incluso ami ... . Si tú supieras... no tendrías razones para tratarme así.

jueves, 7 de junio de 2012


Hoy me apetece más que nunca un abrazo, pero no cualquier abrazo, quiero su abrazo.
Todos sus abrazos, todos los que tenga para dar; de día, de noche, haga frío, calor, tormenta, bochorno, esté cayendo el diluvio universal o se esté acabando el mundo...



Porque sí, quiero tenerle a mi lado de todas las formas posibles, de frente, de perfil, borracho, sonriendo,  durmiendo, gritando y recién levantado por las mañanas... 

lunes, 28 de mayo de 2012

~

Son odiosas las comparaciones, lo sé. Pero ya basta de contenerme:

No eres como aquél príncipe que vestía de azul en mis sueños, ni montas a caballo, ni mucho menos me regalas un ramo de rosas de cuentos. No eres exactamente de mi estatura, así que haces que me cueste más darte un beso. No vistes ni te peinas ni te calzas como esos chicos de moda. Tampoco eres todo lo detallista como mis actores favoritos de cine. Tampoco eres uno de esos chefs que cocinan platos ¡exquisitos! Ni eres todo lo inteligente que se debería ser.. Tampoco... Ni eres... Ni mucho menos... Y puede que te falte.... ¿pero sabes qué? Que todo eso no me importa cuando en vez de tener un coeficiente sobrenatural me sacas una sonrisa cogiéndome de la mano y diciéndome seguidamente que todo irá bien, cuando en vez de hacerme comidas de 10 me regalas tus besos, cuando en vez de actuar como esos actores haces de mi día a día la escena nunca mejor vista hecha realidad sólo y exclusivamente para mi, cuando en vez de vestir peinarte y calzarte como todos esos que no sé distinguir lo haces de la mejor manera para gustarme ami, cuando tienes esa estatura para cualquier adversidad que se presente ante mi y poder abrazarme aislándome de todo en tus brazos, cuando en vez de regalarme rosas que terminan marchitándose me regalas: una mirada sincera, una sonrisa llena de vitalidad, unos besos eternos y un te quiero infinito. Cuando en vez de ser ese estúpido príncipe que siempre vestía de azul y que nunca apareció eres el chico del cual yo no puedo dejar de pensar.

Porque seguramente pueda seguir comparándote con mil personas y personajes. Pero ya no es sólo lo que siento por ti, si no lo que no siento por otros.

martes, 17 de abril de 2012

CopyRight#

Un sabio se puso delante de un público y contó un chiste.
Todo el mundo se empezó a reír. Después de un momento, contó el mismo chiste, pero esta vez menos gente se reía. Contó el mismo chiste una y otra vez, pero ya nadie se reía. Él sonrió y dijo:
No puedes reírte de la broma una y otra vez, pero ¿ por qué sigues llorando por lo mismo una y otra vez?